La necesidad de volver a lo cercano

En la década de los 80 del pasado siglo, las escuelas de negocio de Estados Unidos bautizaron la nueva etapa del capitalismo como “Globalización”, en referencia a un nuevo escenario para la toma de decisiones económicas.

Prácticamente todo lo que se puede comprar en el mercado se produciría en cualquier parte del “globo”, allá donde las condiciones para producir sean más ventajosas desde el estricto punto de vista de los costes, de esta manera la producción se asignaría al consumo de forma que genere el mayor excedente. Para que este escenario fuera posible se hizo necesario un proceso de desregulación nacional encaminada a permitir la libre circulación de mercancías y, sobre todo, de capitales.

Esta desregulación se argumentaba en base a una mayor eficiencia en la asignación de los recursos y el trabajo, sin embargo, la realidad no se ha comportado así. El tablero de juego que ha conformado el mapamundi ha servido, fundamentalmente, a un capitalismo especulativo que, por ejemplo, no duda en arruinar modos ancestrales de vida en poblaciones de países pobres para alimentar el ganado de países ricos.

En términos más cercanos, podemos encontrar en los lineales de los supermercados fruta de Chile o espárragos de Bolivia, mientras que los agricultores de proximidad claman contra un mercado que cada vez aprieta con más fuerza y menos margen para su modo de vida.

Esta forma de organizarnos nos aleja de un consumo saludable, nos hace más vulnerable a cualquier mínima sacudida y nos deja al socaire de decisores muy alejados de nuestros intereses.

La situación actual de pandemia que nos sacude, a pesar del desastre humano, social y económico que está suponiendo, nos deja alguna oportunidad para que nos replanteemos la forma de organizarnos, también en “lo económico”, se hace necesario volver a “lo cercano”, ser consciente de los canales de comercialización. En el plano individual, el poder del consumidor es muy grande, solo hemos de mirar el etiquetado de los productos y elegir los que provienen de nuestro entorno, sin duda alguna más fáciles de encontrar en el mercado local y pequeño comercio. Reducir los canales de distribución nos permite pagar precios más bajos y que los productores reciban rentas acordes con sus costes y trabajo.

Luis Andrés Zambrana
Profesor de Economía Aplicada
Universidad de Sevilla

Turismo Industrial

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